La IA en el trabajo necesita reglas claras: sin ellas, el futuro laboral puede ser menos humano y más automatizado.
20 de junio de 2025 – Transfer (SAGE Journals)
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El nuevo Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, se presenta como una herramienta pionera para garantizar una IA segura, confiable y centrada en el ser humano. Pero ¿está cumpliendo realmente esa promesa en el entorno laboral?
Un estudio publicado por Didem Özkiziltan (WZB Berlín) y Fabio Landini (Universidad de Parma) en la revista Transfer alerta sobre vacíos normativos del reglamento que podrían agravar desigualdades y prácticas laborales injustas en la Europa digital.
Las grietas del reglamento
La investigación identifica siete principales debilidades que afectan directamente a los trabajadores:
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Autocertificación peligrosa: Las empresas pueden validar por sí mismas el cumplimiento de los sistemas de IA de alto riesgo, sin intervención externa.
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Sin evaluaciones de impacto: Las compañías privadas están exentas de realizar análisis sobre derechos fundamentales.
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Falta de registro obligatorio: No se exige informar qué tecnologías se usan en los lugares de trabajo.
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Derecho a explicación limitado: Los empleados no reciben detalles claros sobre decisiones automatizadas que los afectan.
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IA generalista poco regulada: Las herramientas base que alimentan otros sistemas quedan fuera del radar si no se consideran “riesgo sistémico”.
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Reconocimiento emocional con excepciones: Aunque en principio están prohibidas, estas tecnologías pueden usarse si se alega “seguridad”.
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Impacto socioeconómico ignorado: Se descuida cómo la IA puede degradar trabajos, salarios o condiciones laborales.
¿Hacia un nuevo desequilibrio de poder?
Según los autores, estas lagunas refuerzan dos tendencias preocupantes:
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Autonomía creciente de las big tech: Las tecnológicas ganan poder sobre el diseño y uso de IA sin suficientes controles públicos ni sindicales.
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Asimetría empleador-empleado: El uso de IA sin transparencia debilita la posición de los trabajadores frente a decisiones automatizadas.
La conclusión del artículo es clara: el reglamento, en su forma actual, no protege adecuadamente los derechos laborales y corre el riesgo de poner la innovación por encima del bienestar.
¿Y ahora qué?
El texto propone una solución concreta: una directiva laboral específica sobre IA, amparada en el artículo 153 del Tratado de Funcionamiento de la UE. Esta norma debería:
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Exigir evaluaciones éticas obligatorias.
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Garantizar transparencia y explicabilidad.
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Incluir a trabajadores y sindicatos en el ciclo de vida de la IA.
En un entorno donde herramientas como el seguimiento de productividad, la contratación automatizada o el reconocimiento facial ganan terreno, urge regular con una mirada clara hacia la justicia y equidad.
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